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jueves, 15 de junio de 2017

El jardín de las delicias de El Bosco expresado en 78 cartas



Gonzalo López.- Ortega y Gasset. No hay pintura más enigmática en la historia del Arte como la obra de El Jardín de las Delicias de El Bosco. Un cuadro delirante, lleno de fantasía, delirio erótico, mensajes cifrados y poesía. Su conexión con el esoterismo, lo místico y el apocalipsis es clave en esta obra que inspiró a Atanas A. Atanassov a crear un tarot basado en la obra de este pintor flamenco.

Este tarot está centrado en el tríptico, el Jardín de las Delicias. En él observamos el cuadro, artista el bosco, creado alrededor del 1503-1515.

El tríptico abierto está formado por tres escenas. El lado izquierdo hace referencia al Paraíso, con referencias de la creación de Adán, Eva y la fuente de la vida. En el lado derecho del tríptico está representado el Infierno y en la parte central, aparece reflejada la Humanidad, una humanidad desvivida, llena de placeres mundanos y lujuria mediante representaciones muy caóticas, que le dan un toque de fantasía gracias a las tonalidades utilizadas para ello. 

Tríptico. Jardín de las Delicias. El Bosco.

 
El cuadro cerrado, es un globo terráqueo, y alude al tercer día de la creación del Mundo, con la Tierra dentro de una esfera transparente, símbolo, en palabras de Tolnay, de la fragilidad del Universo. Solo hay formas vegetales y minerales, no hay animales ni personas.Está pintado en tonos grises, blancos y negros, que se corresponde con un mundo sin Sol ni Luna, pero a su vez puede ser una manera de conseguir un contraste dramático con los colores intensos del interior, entre un mundo anterior al hombre y otro poblado por infinidad de seres.

Tradicionalmente, la imagen que muestra el tríptico cerrado se ha interpretado como el tercer día de la creación. El principio y el fin. Y aquí, al cerrarse, se transforma en el número uno, en el círculo, donde nos permite vislumbrar la perfección absoluta y, quizá, a la Santísima Trinidad. Esta parte del cuadro inspira a Atanassov para la creación del arcano XXI, el Mundo, una esfera semitransparente que rodea a los cuatro evangelistas, simbología importantísima en este arcano.

El tríptico abierto, en la parte izquierda, nos narra la creación del Paraíso destacando en el medio de la escena las figuras de Adán, Eva y, en el centro, Dios, en el momento de la presentación de la pareja y la bendición de Dios.

En la escena hay un Drago Canario que simboliza el Árbol de la Vida. La fuente en el lago representa la vida o los 4 ríos. Asomando por un hueco de la fuente, se ve una lechuza que encarna la maldad y el pecado. 
 
Vemos varias especies de animales, como un elefante que representa la fuerza y la inteligencia. Junto a Eva, una jirafa, un cisne y un conejo símbolos de pureza, soberbia y la fecundidad.

El Bosco nos advierte que, pese a estar en el Paraíso, el pecado acecha. Es una premonición de lo que se avecina, destacando una piedra antropomorfa donde se perfila una imagen, que representa al diablo, y una palmera que simboliza el árbol de la ciencia, del bien y el mal.

Aquí tenemos, simbologías importantes para describir los arcanos del tarot basado en El Jardín de las Delicias de El Bosco, por ejemplo DIOS, que Atanassov lo personifica en la figura del Papa, simbolizando la fe en lo justo, no temer a uno mismo; o el 10 de copas , simbolizado por una fuente que bien pudiera estar inspirada en la fuente de la vida la casa y el núcleo familiar no está. No está limpio de asperezas, pero la unión se mantiene por los sentimientos.

Muchos de estos animales, algunos reales otros imaginativos, algunos representados como monstruos se irán dando por todo el tarot, con su simbología.

Este cuadro tiene una composición muy equilibrada, siempre con un elemento de agua por en medio.

En la parte central del tríptico se aprecia el cortejo de la seducción. Un falso paraíso terrenal, donde la Humanidad sucumbe al pecado, a la lujuria, dirigiéndose a la perdición. Aparecen todo tipo de personajes, sexualidades, razas… Todo parece ser muy divertido, lleno de gozo y placeres físicos y mundanos.

En la parte central de la tabla, cabalgan jinetes encima de jabalíes, osos, caballos, leones y panteras, simbolizando los pecados capitales, como la gula, la avaricia, la ira, la soberbia o la lujuria, muy presente en toda esta parte del tríptico. El mundo se desquebraja.

Todo un derroche de fantasía, lleno de animales reales y fantásticos, frutos y plantas… para decirnos que el mundo no es lo que parece. Éste es el mensaje que se deja ver aparecer en las esferas o burbujas transparentes, donde se encierran algunos personajes, otros atrapados por gigantescos moluscos, otros comiendo apetitosas frutas asociadas a lo carnal, al placer, como cerezas moras o fresas, símbolo de amor, erotismo o fertilidad. También vemos rosas y peces, simbolizando el pecado de los excesos. Esta simbología, está representada, entre otras, en el arcano del Sol. 
 
Una pareja multirracial, el amor verdadero, sin prejuicios, aparecen en el arcano VI de los enamorados, representado por la pareja de la burbuja que, en este caso, no se representa en el arcano simbolizando el amor puro. Los opuestos se atraen, figuras desnudas, multirraciales, hombres, mujeres... todo se entremezcla. Destaca el color de las figuras casi transparentes casi sin carne, como representando el alma humana, sin distinguir edades, ni su sexo. Este mundo entregado al pecado nos lleva directos al infierno, la parte derecha del tríptico. La parte más dramática y apocalíptica representada con figuras gigantescas como el hombre-árbol, carta del diablo. En su interior se ve un burdel que sostiene sus heridas, y sus piernas descansan sobre unas barcas. En el infierno el agua, protagonista en el resto de las partes que forman el tríptico, se convierte en hielo resquebradizo. A la derecha del cuadro hay un hombre que está siendo devorado por unos perros, aunque este lleve una armadura y en su mano sostenga un cáliz. Es el castigo por los sacrilegios de la humanidad.

El personaje más célebre de toda la obra de El Bosco, es la figura que representa un monstruo azul, mitad de hombre mitad pájaro y que está sentado en un extraño trono, rodeado de seres que vomitan monedas, símbolo de la avaricia. Una mujer con un sapo en el pecho es abrazada por un demonio aludiendo a la lujuria. No solo los pecados capitales están presente, en este jardín tan especial y, en esa época, la bebida, los juegos de azar, la prostitución, la homosexualidad… Todo era prácticamente castigado, se ve todo representado destacando la crítica que hace a algunos personajes del clero, como en la figura del cerdo con un tocado de monja. 

Todo muy histriónico. Toda una espeluznante quimera que Atanassov ha sabido plasmar perfectamente en el tarot de Lo Scarabeo.

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